Sal, agua y frío. Esos son los tres ingredientes naturales que, conjugados sobre una buena materia prima, llegarán a configurar un jamón de calidad; piezas totalmente naturales, desde la alimentación del cerdo, a base de cereales y vegetales, hasta su curación, en la sierra de Tineo. Los jamones que llegan a la fábrica de El Castillo son sometidos a un exhaustivo proceso de control de calidad que establece que sólo las piezas con las características adecuadas pasarán a la fase siguiente de curación y maduración.

La curación se inicia con el proceso de salazón, pieza a pieza, y siguiendo el método tradicional apoyado por las más modernas tecnologías. Los jamones toman la sal justa introducidos en unas cubetas que se depositan, de forma controlada, en la cámara específica de salazón.

A continuación, los jamones se lavan con agua tibia para deconstruir la capa sobrante de sal y moldearlos. El resultado es ya un producto natural de primer orden, que pasa entonces a la fase de asentamiento, en la que el jamón se somete en cámaras frigoríficas a unas condiciones de temperaturas bajas y alta humedad para que pierda lentamente el agua sobrante y la sal cale paulatinamente en los tejidos.

Durante la última fase, de maduración, las condiciones en las que reposan las piezas son más suaves, favoreciendo el sudado y posibilitando que las grasas insaturdas impregnen las fibras musculares de los jamones, para que retengan todo su aroma y "bouquet" característicos, ganando en color y textura.

Finalizado este proceso de secado, los jamones se preparan para su comercialización con un exquisito proceso de envasado y presentación.

 
 
 
Jamones El Castillo S.A.